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CARLA CANDIA CASADO
ccandia@el-nacional.com


PRODUCCIÓN FRANCIEST POLLER

felipedilodovico@hotmail.com

FOTOGRAFÍA FELIPE DI LODOVICO
felipedilodovico@hotmail.comm

Las damas del piano se transforman
EL NACIONAL TODO EN DOMINGO - DOMINGO 23 DE SEPTIEMBRE DE 2007 TRES JÓVENES VENEZOLANAS BRILLAN EN EL EXTRANJERO

Pasión por lo venezolano
En un viaje a Europa, a los 18 años, Prisca Okarina Dávila –que lleva el primer nombre en honor a su abuela y gracias a una mártir romana, y el segundo por una flauta dulce de origen indígena– tuvo una revelación. Había salido a bailar con unos amigos, pidió que le tocaran una canción venezolana y le tocaron una cubana.

"Cuando empezó a sonar "Guantanamera", sentí que debía hacer algo, que había que dar a conocer nuestra música", dice la pianista, de ojos oscuros y alargados, que se crió en un hogar de padres aficionados a la música y que a los ocho años publicó un libro de poesía. A esa misma edad empezó con el piano (tocó también la marimba y la flauta dulce). Además de estudiar este instrumento con María Auxiliadora Díaz y canto lírico, cursó jazz con Gerry Weil, completó la carrera de Historia y desde hace unos años está en clases de canto popular con Marisela Leal, pues su deseo es combinar siempre ambos oficios: pianista y cantante.

Cuenta con tres discos que han sido elogiados por Aldemaro Romero e Ilan Chester: Piano Jazz Venezolano (2003), Estoy aquí (2005), Piano en Canto Venezolano (2007) y para enero del año próximo planea comenzar a trabajar en el cuarto.

Sus melodías se basan en la fusión del jazz, la música académica y venezolana.

"A mí nunca me han pagado por tocar piano clásico", confiesa.

Por estos días, se concentra en sus presentaciones. No en vano, hoy se presentará en el Centro Cultural Corp Banca.

"En junio fui a Brasil al Festival de Música Do Pan, y el director dijo que había sido la revelación, luego estuve en Santo Domingo donde también obtuve muy buenas críticas". Y es que, según explica, los ritmos venezolanos causan sensación en el extranjero: "Los coreanos se emocionaron muchísimo cuando toqué allá en el Word Culture Open (2004). Se les hace muy tropical".

En un, dos, tres
1. ¿Cuántas horas diarias practica?
Depende, alrededor de seis horas. Piano en la mañana y canto en la tarde.

2. ¿Un recuerdo de la infancia relacionado con el piano? Cuando iba a las piñatas debía quedarme menos tiempo porque tenía que practicar. A los 10 años tenía un organigrama que me hacía yo misma.

3. ¿Qué música tiene en su iPod? Diana Krall, flamenco, salsa, clásica, música venezolana como Aldemaro Romero y Ensamble Gurrufío.

Antes de...
"La noche antes de un concierto procuro no ir a sitios donde haya humo porque es malo para mi garganta. El día del evento no hablo mucho, ni como chocolate para cuidarme la voz y el agua que tomo debe ser natural. Minutos antes me como un caramelo".

AGRADECIMIENTOS Vestuario y calzado: Alberto De Castro. Teléfono: (0212)262 2197. José Luis Ventura, director del Centro Cultural Corp Banca. Maquillaje: Jesús Cedeño

Crónica detrás de camaras
Fotografiar a las pianistas que componen este reportaje tomó seis meses. Como dos de ellas viven en Nueva York, fue necesario aprovechar sus visitas relámpago para realizar la sesión. A Alicia Gabriela Martínez se la fotografió en marzo en un ensayo en el Aula Magna de la UCV, y la entrevista se realizó en dos partes: mientras el estilista la arreglaba y un día antes, al tiempo que se probaba varios vestidos en la tienda de Mayela Camacho. Su madre –profesora, amiga y manager – estuvo todo el tiempo presente.

En el caso de Prisca Dávila, quien es la única del grupo que vive en Caracas, se debió programar la prueba de vestuario en el taller de Alberto De Castro, la entrevista y fotografía en mayo, antes de un viaje a Brasil, y en un horario que no interviniese con sus clases vespertinas de canto.

Vanessa Pérez no tenía previsto visitar Caracas hasta el año próximo, y por eso fue necesario que el equipo de producción se trasladara –con un traje de Luis Perdomo en mano– a finales de agosto hasta Puerto La Cruz, donde vive su padre, para retratarla en el Hotel Mare Mares. Pérez consideró toda una rareza ser fotografiada en un ambiente playero y con un piano blanco. Al final de la sesión deleitó a la audiencia –el fotógrafo, la productora, su papá y algunos huéspedes que estaban por los alrededores– con un joropo. La pianista Gabriela Montero no pudo estar presente en el editorial pues sus compromisos profesionales no se lo permitieron.

El objetivo era mostrar a estas pianistas en una faceta distinta a la que el público está acostumbrado ver. Por eso, el reto era que usaran cualquier color menos el negro que acostumbran lucir en los conciertos. "Yo jamás me había puesto rosado", dijo Martínez. A Dávila fue más fácil seleccionarle un traje de otro color pues no le gusta el negro: "Es demasiado sobrio. Prefiero el colorido porque llama más la atención". Pérez dijo que nunca había llevado un vestido como el que usó en la sesión ni tampoco accesorios. No en vano jugueteó a ponerse y quitarse las pulseras hasta quedarse sin ninguna. Las tres pianistas se mostraron sorprendidas ante la imagen de ellas maquilladas y peinadas por un estilista profesional. "Parezco otra persona", dijo Martínez.

Prisca Dávila
"Hay una cosa que uso que se llama chuchuaza, es una pomada que venden los buhoneros y cuando he tocado por demasiado tiempo me la pongo. Como es roja me lleno de vendas que absorben el color y duermo con eso; en la mañana amanezco como si nada. Como debo mantener las uñas cortas, no me las pinto, si acaso me pongo brillito. Le tengo terror al fuego de la cocina y a los cuchillos".


 
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